
Han pasado muchos días desde la última vez que escribí. La verdad, no me ha hecho falta. Muchas horas dedicadas a analizar fríamente mi forma de consumir y las razones tras mis recientes sentimientos de confusión y saturación después de mirar a diario incontables blogs dedicados a la moda, me han hecho darme cuenta de que había caído en una rutina predecible e inútil.
Sé que en más de una ocasión he tocado el tema de cómo las ropas que usamos son una forma de expresión creativa, de decirle al mundo quiénes somos y qué queremos. Mas, ¿qué sentido tiene añadir esta preocupación a la montaña de obligaciones y expectativas que ya tenemos que cumplir?, es lo que me pregunto hoy. ¿No basta con
ser, sino que es también necesario
parecer? ¿Tengo que renovar mi guardarropas en cada estación y romper moldes para demostrar lo hermosa/ estilosa/ creativa/moderna que soy?
Me parece que el ir y venir de las tendencias y de las "musas inspiradoras", la necesidad de definir "qué es lo que viene" o quién será "el próximo Karl Lagerfeld" o "la nueva Madonna", nos han distanciado de la real razón por la que a diario nos vestimos. Han puesto una venda, vistosa y colorinche, sobre nuestros ojos. No nos permiten ver las consecuencias de nuestro consumismo que, más allá de generar nuevos empleos, ayuda a llenar los bolsillos de empresas inescrupulosas, valida la explotación de mano de obra barata en países subdesarrollados y produce toneladas de ropa de desecho (basura) año a año.
A causa de estas divagaciones, estoy desarrollando paulatinamente una nueva forma de consumir, una centrada en mi amor por la ropa, no por la moda. He descubierto que vitrinear tardes enteras me deja cansada, sintiéndome vacía y bombardeada de información que no deseo absorber, mientras que buscar pacientemente una prenda versátil, bien construida y fabricada con materiales naturales me entretiene y calma. Por lo mismo, he reemplazado mis viajes al mall por búsquedas sin ansiedad por internet, donde sofisticados motores de búsqueda me ahorran horas de estrés.
Además, mis intereses se han movilizado en forma natural hacia otras áreas. Nadie que me haya conocido creería cómo hoy paso casi todo mi tiempo online leyendo blogs dedicados a
la autoimagen o a
la organización y el reciclaje. He ido liberando mi vida de las distracciones y excesos que tanto espacio físico y mental ocupaban (revisar todo mi guardarropa con ojo crítico y descartar toda prenda que me hiciese sentir incómoda o demasiado expuesta fue el primer paso; regalarlas o venderlas el segundo) y pretendo seguir simplificando, ordenando, analizando.
En mi próximo post subiré la traducción al español de
un artículo tremendamente explicativo del funcionamiento actual del mundo del retail y de las implicancias que tiene para nuestros estilos de vida y para la ecología.
No sé hasta qué punto estas son preocupaciones para quienes consumen moda con regular frecuencia, por lo que me interesaría sabes cuáles son los pensamientos de quienes pasan por aquí. ¿Les causa ansiedad comprar? ¿Les preocupa tener que deshacerse de ropa por su mala calidad o porque ya pasó de moda? ¿Se preguntan a veces si no están exagerando las tiendas al poner en sus vitrinas ropas que sólo podremos usar en 3 meses más?
Todos los comentarios son bienvenidos.